E stá conectado a la luz. Tiene su velocidad. Poco a poco ha ido creciendo en la banda izquierda hasta convertirse en uno de los mejores del mundo por ese carril, tan difícil de cubrir para los equipos. Es imprevisible. Juega con una intensidad difícil de medir. Es Marcelo y, desde su lesión, la banda izquierda del Madrid está huérfana de sus carreras sin patrón. Ha mejorado en defensa. Y es un torbellino en ataque. Sabe lo que es marcar y gritar gol. Su tiro es un azote descarado para los porteros. El Madrid tiene un pacto con la rapidez en su lado zurdo. Si hace mucho fue Gento quien hacía de esa banda un imperio, ahora es Marcelo el que ejerce de puñal. Otros dos monstruos blancos por ese lado fueron Gordillo, con sus medias caídas y sus pulmones inmensos, y Roberto Carlos. Brasileño, como Marcelo, Roberto Carlos marcó una época. Un portento físico, un misil, con una pila que nunca se agotaba. Marcelo es otra cosa, pero también es grande. Estará tres meses, por lo menos, sin jugar. Ya le implantaron un tornillo de titanio. Marcelo llegó al Bernabéu procedente del Fluminense. Es un chaval de Río, y el club blanco necesita mucho su alegría contagiosa.