50 sombras de Feijoo

OPINIÓN

Se creen la leyenda de la erótica del poder y acaban sucumbiendo a ella. Así, hay un Feijoo antes del escrutinio y un Feijoo después del escrutinio. El primero proclama yo no soy Rajoy. El segundo dice yo soy Rajoy, aunque con matices, ensayando ya su papel de barón con posibles: censura a la ministra de Empleo (sic) y planta un recurso ante el Tribunal Constitucional. El presidente que anunció en el 2009 «el desempleo o yo», el mismo que durante la campaña movilizó al centro y a la derecha con el lema «o yo o el caos», es hoy el presidente de «hay crisis... y yo». Siempre yo, aunque las palabras, en el fondo, se las lleve la cola del Inem. Al menos en la derrota, sus rivales han sabido estar a la altura, o sea, donde dije digo, digo Diego: Pachi Vázquez era el candidato que no tenía ningún problema en irse para casa hasta que perdió, se encerró en la sede del partido y tiró la llave. Jorquera arremetió contra todo, menos contra sí mismo, y de pronto se calló, o lo callaron. De Beiras está por ver cómo aúlla. Estos son los lobos de los que alertaba Feijoo. Aunque la mayoría se tragó el anzuelo electoral, su victoria está plagada de avisos serios, empezando por las ciudades. ¿Y Galicia? Mejor ni pregunten: ellos siguen de resaca del 21-O, y a lo mejor se proponen ampliarla a los próximos cuatros años. Si es así, y tiene más bien esa pinta, es que, empezando por Feijoo, no han aprendido nada.