Tal como estaba previsto


Cuando escribo este análisis ni siquiera se ha cerrado la campaña electoral, pero, a riesgo de que acabe en la papelera, me atrevo a insistir en el pronóstico que me parece infalible desde hace tiempo: el Partido Popular de Núñez Feijoo revalida su mayoría absoluta. Y lo hace cuando una regla no escrita establece que los Gobiernos caen cuando tienen que gestionar una gran crisis económica. Y esta crisis sin duda es grave en relación a las alegrías de antaño. Cuando la regla no se cumple, me parece que hay que buscar más bien las razones -de la insólita renovación de la mayoría absoluta- en si la oposición ha sido capaz de convertirse en alternativa creíble de Gobierno. Zapatero cayó con esa regla de manual porque Rajoy fue para la sociedad española en su momento -¡cuánto ha llovido!- una alternativa a experimentar.

Si el Partido Socialista de Galicia ha perdido buena parte de los apoyos sociales estando en la oposición y el Bloque Nacionalista Galego no ha sido capaz de ampliar su base electoral, con la que está cayendo, es claro que su labor de oposición no ha sido reconocida por los ciudadanos. Y, lo que es aún peor, su propuesta de Gobierno alternativo al de una nueva mayoría popular no ha merecido un respaldo creciente.

Como la sociedad gallega está en una grave situación, no queda más remedio que imputarlo a la desconfianza que despiertan las burocracias de ambas organizaciones que, salpicadas de escándalos de los locos años de la burbuja, no se han privado de enrocarse en procesos de vendetta interna, procesos en los que suelen sobrevivir los más profesionales del asunto. Toda una tarjeta de visita de una renovación de la que sería imprescindible convencer a sus potenciales votantes.

Por si faltase algo, para cerrar el diagnóstico, me parece que la candidatura que encabeza Xosé Manuel Beiras ha recogido (del PSdeG, del BNG y de los más que indignados) parte del apoyo social que los profesionales de la alternativa al PP han sido incapaces de hacer creíble. Es algo más que coincidencia que, una vez jubilado como docente universitario, el veterano profesor y político sea el único vector electoral capaz de generar confianza en la parte más crítica del electorado.

Imagino que se le supone una honestidad, capacidad autocrítica e independencia que a muchos otros les falta. A su grupo de diputados no les faltará trabajo en el Parlamento -y fuera de él- para remover las estancadas aguas en que zozobró la alternativa de gobierno en Galicia.

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Tal como estaba previsto