Pegó la campanada con Soldados de Salamina. Javier Cercas irrumpió con ese libro de golpe en el panorama literario. Situó a Gerona en el mapa de las letras, con esa mezcla de géneros que se le da tan bien. Después tuvo un segundo éxito con su envolvente Anatomía de un instante. Con esa obra nos hizo revivir el golpe del 23-F y dejó que hablasen muchas voces. Lo mismo hace ahora, con Las leyes de la frontera. Cuenta la historia de un delincuente juvenil de la Gerona de la transición. Esa narración es solo una excusa para abordar la transición a pie de calle, como había hecho con Anatomía de un instante desde el Congreso de los Diputados. Ahora los protagonistas no son diputados y ministros, ahora son seres marginales. Delincuentes de aquellos años que vivían en los suburbios y que demostraban la existencia de fronteras sin cambiar de ciudad. Cruzar un río puede ser encontrarte otro mundo sin coger un coche. Cercas reivindica la novela como género que todavía tiene mucho que decir. El mejor camino hacia la verdad es a veces la ficción. Y, como escribió Durrell, cualquier ciudad es un mundo hermoso cuando en ella amamos a alguien.