El «Prestige» en la muñeca

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Nuestro mar es, como los gauchos, de cuchillo y tango. Anteayer, A Coruña volvió a recordarlo y cuando escribo esta columna, desaparecido aún un tripulante, el sabor de la espuma del Orzán me rasga los labios. El mar, la mar, se agarra a nuestra memoria para hostigarnos o bailar. Parece que fue ayer y todavía solivianta: una década con memoria en blanco (el traje coraje de los voluntarios) y negro chapapote. Me lastima aún escribir el nombre de aquel buque espectral, como si las teclas no fueran suaves sino de pólvora: cadáveres bajo mis dedos. Fue en el 2002. Sesenta años antes Cortázar publicó su Historias de cronopios y de famas. El maestro nos habló de un viajante a quien le empezó a doler la muñeca izquierda. Se quitó el reloj y brotó sangre: «La herida mostraba huellas de unos dientes muy finos». La memoria de mi país es también una historia de cronopios y famas: adversa en ocasiones, ficticia en apariencia, pero real porque ha dejado en nuestro recuerdo la huella de demasiados dientes. El Prestige ha sido una dentellada que afrontamos con la cabeza alta, con la dignidad de un pueblo que nunca se ha resignado al infortunio. Nos queda su recuerdo y nos queda la lección.

En Expocoruña se inicia el juicio. Mesas blancas, sillas blancas, como una aséptica sala de hospital donde vamos a curarnos las heridas. Ojalá no duela más nuestra mano; nuestro mar, quiero decir. Tenemos que arrancarnos, para ganar el futuro, el reloj del Prestige de la muñeca.