Elegir sin ganas

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

Las campañas electorales de los distintos partidos están despertando entre los gallegos un entusiasmo perfectamente descriptible. La mayor parte de los discursos parecen hechos para captar a aquellos que no tienen creencias definidas o que pudieran desearlas. Muchos partidos ofrecen soluciones a problemas que no existen, pero que muy probablemente ellos están dispuestos a crear. La esperanza, arrumbada por la crisis, avanza huérfana por calles y caminos.

Las frases de los líderes se dan por sabidas y nadie corre a escucharlos. No, la política no vive sus mejores días entre nosotros.

Pero esta es la reflexión que ningún candidato va a hacer en estas elecciones. Porque lo que buscan es solo ganar, aunque para ello, como dijo Groucho Marx, hayan de «buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar luego los remedios equivocados». Su mensaje es el medio y el fin. De él esperan la acumulación necesaria de votos para poder estar presentes en el Parlamento y, a poder ser, en el Gobierno. Para ello, dejan entrever posibles pactos o acuerdos más o menos razonados, que, por inevitables, son creíbles. Porque ellos -lo dijo con humor Jardiel Poncela- «son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa».

Quisiera decir lo contrario, pero el panorama es el que es. Y casi daría el consejo del financiero estadounidense Bernard M. Baruch: «Vota a aquel que prometa menos, porque será el que menos te decepcione». La opción del PP no responde ciertamente al modelo de sumar heterogéneos, por ello necesita obtener la mayoría absoluta para poder gobernar.

Los demás partidos tienen un programa común con un título breve: «Parar al PP»; pero ese programa aún carece de un texto clarificador y público. La campaña debería servir para aclarar todos estos extremos, pero no creo que ocurra, entre otras cosas porque, deplorablemente, no existe una demanda social al respecto. Por el contrario, se detecta demasiada resignación en el ambiente, y a los políticos parece importarles un bledo que ellos sigan siendo, cada vez de un modo más acusado, el tercer problema que más preocupa a los ciudadanos.

¡Para lanzar las campanas al vuelo!