El principio de Arquímedes (todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso del fluido desalojado) cambia al aplicarlo a determinados políticos: algunos ciudadanos sumergidos en política experimentan un empuje en su patrimonio igual al peso de las dádivas recibidas por el fluido oculto de su gestión. La principal diferencia entre ambos enunciados radica en que el científico es general y se cumple para todos los cuerpos, y el político solo se manifiesta en algunos casos de corrupción. Como en otras profesiones, hay personas de todo tipo, pero se cacarean más los comportamientos políticos desviados de lo correcto. La frase «pero señoría, ¿cómo cree usted que se consiguen las concesiones?» tiene que desaparecer de la política, para que el principio de Arquímedes político no se cumpla nunca. A ver si de estas elecciones sale una hornada buena.