El oportunismo de Artur Mas

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

08 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

D esde que Jordi Pujol dejó de actuar como un estadista en el ámbito español para dejarle crecer a su hijo Oriol -un soberanista radical que nunca sería secretario general de Convergència Democrática de Catalunya (CDC) por sus propios méritos y sin su apellido-, la Cataluña del seny (la cordura) se ha ido desplazando hacia la de la rauxa (el arrebato) independentista. Esto último es al menos lo que están diciendo muchos analistas, creo que con un excesivo desapego de sus propios conocimientos históricos. Porque quizá lo que está sucediendo en Cataluña es otra cosa más simple.

Tratemos de verlo todo desde una perspectiva política más inmediatista y menos grandilocuente. Artur Mas, presidente de la Generalitat, acaba de hacer los mayores recortes sociales de nuestra historia democrática -y aún no terminó de hacerlos- y ha ido perdiendo apoyo popular. La crisis lo estaba abrasando a él como a tantos otros gobernantes democráticos. Pero Artur Mas tenía una bala en la recámara: anteponer un ideal histórico más alto que, con su aluvión de argumentos apasionados, lograse desviar la atención de la crisis, lo alejase a él de pagar electoralmente el precio de los recortes y convirtiese, de paso, a sus adversarios en aliados. Está a la vista que estos tres objetivos los ha logrado ya con solo magnificar una manifestación soberanista cuyo número de participantes no para de crecer con cada nueva mención que hacen de ella.

¿Quiere esto decir que no existe el «problema catalán»? No. Solo quiero decir que surge ahora, no por la ardiente fe independentista de Oriol Pujol, sino por el interés político (claramente partidista) de Artur Mas. Algo que explica también la posición, tan comprensiva ahora, del moderado Duran i Lleida, el socio en CiU. El don de la oportunidad lo es casi todo en política. Y CiU ha logrado colocarse en el centro del catalanismo soberanista y a la cabeza de la manifestación. ¿Y la crisis? Olvidada.

Pero no hay que engañarse. Aunque Artur Mas esté haciendo una utilización partidista, no está hablando de un problema inexistente.

Lo que hace es agitarlo en el momento en que le conviene. Por ello creo que este debate durará al menos tanto como la propia crisis.

Al tiempo.