Cuando la jerarquía académica está ausente, ensimismada, y la periodística -salvo contadas excepciones, como los recientes editoriales de este periódico- no se ha percatado aún de que el sistema de representación por partidos es percibido como un problema y además grave; cuando no se enteran ni unos ni otros de que el enemigo a batir para la nueva mayoría social es el representante popular, al que consideran privilegiado, interesado y corrupto; cuando está servido un descenso de 10 puntos de censo en la participación en todo tipo de consultas electorales, y aquí nadie dice nada, es normal que Xosé Manuel Beiras tampoco se haya enterado de que la dialéctica izquierda-derecha se quedó en el siglo XX, que el gran frente de izquierdas que pretende Izquierda Unida y que ha comprado es una idea vetusta, que no resuelve las aspiraciones ciudadanas y que resulta, además de falsa, pretenciosa.
Falsa porque la Esquerda Unida de Yolanda Díaz y Cayo Lara es aquella de Breznev; no es otra cosa que el Partido Comunista de España (PCE), puro centralismo y pura nomenclatura, no es gallega; y pretenciosa, porque la rebelión y la insumisión ciudadana no son patrimonio de la vieja izquierda del siglo XX: son características de la nueva mayoría social de cualquier comunidad autónoma del Estado español.
Los electores no se dividen ya entre los que son de izquierdas y los que son de derechas; lo hacen ahora entre los que son sumisos a las políticas de la Unión Europea, que es quien tiene el mando, o insumisos a estas, y en consecuencia a los Gobiernos de turno que haya en España. Rubalcaba vale tanto como Rajoy para la nueva mayoría social, entre poco y nada, y sus respectivos partidos y líderes autonómicos, lo mismo. Pero los políticos de IU no son distintos. Cayo Lara no puede representar al elector indignado mientras gobierna con el PSOE en Andalucía; tampoco el joven Alberto Garzón, incapaz de romper con todo en sus intervenciones parlamentarias.
Estando así las cosas, el líder de Anova proclama que apoyarán a quien esté a favor de expulsar al PP de la Xunta, es decir, que ganará el PP y apoyarán al PSdeG-PSOE. Luego ya está todo hecho y dicho.
Lo explicaremos por contraste: Coalició Compromís no quiere saber nada de IU ni del PSOE, lo mismo que ERC o EH-Bildu, y estas organizaciones ocupan el espacio de la insumisión ciudadana en sus respectivas comunidades autónomas. Lo mismo que debería hacer el BNG: situarlos a todos enfrente para representar al elector disconforme con las políticas de la UE sobre los Estados endeudados del sur de Europa, que es el factor común aglutinante y es donde está Galicia.
En el PSOE no entienden que su contienda es con el PP por la hegemonía sobre el electorado sumiso al euro, pero en Esquerda Unida o en Anova tampoco entienden que para la nueva mayoría social el PSOE y el PP son igual de detestables. El BNG tiene la oportunidad de hacerlo: el futuro es ciudadano y es transversal, y la acción política exitosa, siendo gallega, continental; Hollande no da plazo a Grecia y aplaude a Rajoy: ahí el sistema, aquí nosotros. En ese enclave es donde encontrarán los votos.