El órdago de Mas


Y en esto llegó Artur Mas a pedir un Estado propio para Cataluña, subido a la ola de la gran manifestación independentista de la Diada. A la gravísima crisis económica que padece España, sin que se vislumbre aún luz al final del largo túnel, se une otra institucional de enorme calado. Tanto que hasta el rey decidió entrar a saco en el debate político para desautorizar las «quimeras» alentadas por el Gobierno catalán. Además, dentro de un mes, los vascos irán a las urnas y, si se cumplen todos los pronósticos, darán una clara victoria a nacionalistas e independentistas.

Tras el portazo de Rajoy al pacto fiscal, el escenario es una declaración soberanista del Parlamento catalán este jueves y la convocatoria de elecciones anticipadas, a las que Mas acudirá con la aureola de haber sido el primer presidente de la Generalitat que reclama un Estado propio en la democracia, mientras sus draconianas políticas de ajuste, que tanto daño han hecho a muchos ciudadanos catalanes, quedarán en segundo plano.

Ignorar, restar importancia a lo que está pasando o vaticinar calamidades sin fin a una Cataluña independiente no va a contribuir a contrarrestar la magnitud del órdago de Mas. Este, por cierto, no ocultó nunca su apuesta por el soberanismo y llevó el pacto fiscal como propuesta estrella en su programa, lo que no ha impedido que el PP catalán le haya dado su apoyo para gobernar. Detrás de la huida hacia adelante de Mas hay un claro cálculo electoral, sabe que la independencia -palabra que evita- es imposible, pero si las urnas refrendan su deriva secesionista con la mayoría absoluta que busca el problema se agravará. El caso catalán demuestra que el nacionalismo es insaciable.

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