Hay esperanza. Incluso los más derrotistas pueden tener esperanza. Porque la pastoral con la que el rey nos ha premiado el martes nos da motivos para la confianza. Cuando creíamos que la esperanza se nos había ido para siempre, y que quedábamos desnortados viene Juan Carlos y nos marca el camino para salir de este pantanal.
Nos dice el rey que huyamos de las disensiones y que recuperemos el trabajo, la esperanza, el imperativo ético y el sacrificio y que rememos unidos y a la vez. Una delicia la pastoral. Lo que ocurre es que ya estamos haciendo lo que él nos propone. Aquí remamos unidos, pero unos pocos. Más bien remamos los de siempre. Los que pagamos los impuestos, las deudas de los bancos, los desmanes, los despropósitos, las medicinas y las aulas. Esos remamos unidos, pero el club de los remeros cada día se reduce más porque ahí no está ni la clase política, ni los banqueros, ni los enchufados, ni los que llevan su dinero a Suiza, ni los que hacen las reformas laborales, ni los que se van a cazar a África.
Así que nos queda esperanza, pero nos quedaría más si su majestad nos ayudara a encontrar más remeros. Le quedaríamos profunda y eternamente agradecidos. Porque estamos que ya no podemos más.