Austericidio

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

El demoledor y excelente informe publicado ayer por este diario muestra con toda claridad los estragos que están causando las draconianas políticas de ajuste impuestas por la troika -con Angela Merkel al frente- a los países rescatados y a otros, como el nuestro, en vías de serlo. Su fracaso sin paliativos es constatable en cifras: más recesión, más paro, menos consumo, más pobreza, menos ingresos. Pero lo más importante es que detrás de los fríos datos estadísticos hay millones de personas anónimas sacrificadas en aras del dogma de la reducción del déficit como prioridad absoluta, condenadas al empobrecimiento, la miseria y la exclusión social con la promesa de que algún día volverán el crecimiento y la creación de empleo. Aunque fuera así, el tortuoso camino quedaría sembrado de cadáveres, reales y metafóricos, a los que ya todo les daría igual. En el mejor de los casos, se trataría de masacrar a algunos para salvar a otros, empobreciendo a la clase media, los trabajadores y los jubilados. Darwinismo social en estado puro, cuando lo que exige la situación es más solidaridad que nunca con los vapuleados por la crisis. Grecia y Portugal están siendo utilizados como laboratorios para experimentar hasta dónde se puede llegar con los recortes, cuál es el umbral de sufrimiento que están dispuestos a tolerar sus ciudadanos. España es la siguiente cobaya que está probando la medicina merkeliana. El nobel Joseph Stiglitz lo acaba de decir con rotundidad: los planes de austeridad en marcha hunden las economías y el rescate es un suicidio. Esta no es la Europa de los ciudadanos, sino la del austericidio programado. Pero, atención, la ira ciudadana va en aumento.