Otro día D

Xosé Carlos Arias
Xosé Carlos Arias VALOR Y PRECIO

OPINIÓN

12 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

En el calendario de estos meses abundan las fechas marcadas en rojo. El jueves pasado, sin ir más lejos, fue un día importante -por la decisión del BCE de volver a comprar deuda de los países periféricos-, como lo será el 15 de octubre, debido a la celebración de una cumbre europea percibida como clave. Hoy mismo, los países de la eurozona tienen una cita que puede resultar decisiva para su futuro. Se trata de la sentencia del Tribunal Constitucional alemán sobre el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), erigido como gran cortafuegos ante la crisis de deudas soberanas. La trascendencia de esa decisión es de tal calibre que Hans-Werner Sinn, presidente del Instituto de Economía de Múnich ha hablado del «día del Juicio Final de la zona euro».

El profesor Sinn no es muy conocido en España. Sin embargo es uno de los más directos causantes de alguno de nuestros problemas inmediatos, pues sus artículos, de gran difusión en su país, se han hecho famosos por lo reiterado de su mensaje: todas las soluciones que se han ideado en los últimos años para aliviar la situación de las economías más endeudadas, e incluso otras más antiguas, como el sistema target (que permite los pagos entre el BCE y los bancos centrales nacionales, convertidos en algunos momentos en única vía de provisión de liquidez ante la sequía de los mercados), no conducen más que a la ruina, a la pérdida de los ahorros, de los honrados ciudadanos alemanes.

La espera de la sentencia de la Corte Constitucional de Karlsruhe ha sido una de las excusas principales del Gobierno alemán para no aceptar una posición activa de liderazgo ante el creciente deterioro de la situación financiera europea. Si hoy la demanda contra el MEDE, de la que Sinn es principal inspirador intelectual, saliera adelante, todas las luces rojas se activarían de pronto: puesto que ahora mismo la salida del marasmo europeo está ligada al mecanismo de estabilidad, su no ratificación por parte del principal provisor de fondos podría equivaler al fin inmediato del proyecto del euro, al menos con su actual configuración. Pero si, por el contrario, la demanda fuera desechada -tal y como parece anunciar la relativa calma reciente de los inversores-, entonces para el Gobierno alemán ya no habría coartadas, y cabría esperar que afrontara de una vez sus responsabilidades como gran potencia económica del área.