(G)Alicia ya no vive aquí


L leva apenas un año el Partido Popular en el dudoso Gobierno de España, cuando se propone revalidar en Galicia la mayoritaria confianza electoral que le permitió dirigir la Xunta en estos cuatro últimos años. Cuatro años con una cosecha, en lo económico, para olvidar. Claro que con Gobiernos anteriores de la Xunta las dosis de clientelismo, amiguismos y caprichos de nuevos ricos fueron tales que Alberto Núñez Feijoo no los podría, aunque se lo propusiese, superar.

La Xunta mandó parar y se limitó a eso. No tuvo un proyecto para elevar la presión fiscal a los que más tienen o sobre los que más defraudan, y se aplicó a ajustar gastos en los servicios públicos. El goteo de desastres en las instituciones financieras básicas del país (las cajas y el Igape) no fue sino la bochornosa prueba de en qué manos estaban bailando todos (conselleiros, alcaldes, diputaciones, emprendedores) los que, antes y ahora, capturaban subvenciones y financiación para proyectos sin recorrido económico claro. Súmense a eso las trapalladas de dirigentes de la patronal o la singular desaparición del alcalde de la capital de Galicia, y se tendrá un boceto del lío en el que estamos metidos.

Sucedió también que en asuntos tan vidriosos como la Ciudad de la Cultura o las multimillonarias inversiones ferroportuarias, los que gobernaron la Xunta fueron incapaces de ir más allá de un reparto localista de bazas electorales. En estos asuntos es decepcionante constatar cómo la única elección que se nos presenta es sobre la manera de hacer lo mismo. Y, ya se sabe que, para lo mismo, a la gente es muy difícil ilusionarla.

Conviene subrayar que todo lo anterior son asuntos domésticos que no pueden endosarse a la factura (por otro lado de tomo y lomo) de tensiones exteriores. Es decir, a que en Europa y en España se señalen los PIGS que, al parecer, crean a los (Estados o comunidades) VIP graves dolores de cabeza. Y mientras España tiene mala fama en Fráncfort, Galicia no la tiene mejor para ciertas cabezas de Barcelona. En este caso, tanto los que venden la pócima de un cupo a la vasca aquí, como los que comparten proyecto con los del pacto fiscal para Cataluña, no veo que estén muy lejos de los que nos sermonean sobre los PIGS por Europa adelante.

La cosecha de todo lo anterior en términos de empleo, de rentas y de desigualdad es para olvidar. Aunque nos vamos a tener que acostumbrar. Lo saben muy bien todos los que se ven obligados a redescubrir la emigración como la única forma de abrirse camino autónomo en su vida. Una cosecha maldita (como lo fue en éxodos anteriores) que solo dejaría de serlo si fuese una opción, no la única opción, frente al desempleo o al vasallaje laboral.

Además iremos ahora a las urnas porque nuestros gobernantes tienen pánico a aclararnos los Presupuestos del año 2013. Pero, por entonces, (G)Alicia ya no los sufrirá aquí, trabajará de camarera en Lausana (Suiza).

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