M ucho calor. Estamos teniendo verano de aguas marinas templadas por altas temperaturas. Hasta el último día, los veraneantes aprovechan sus vacaciones. La vuelta a la realidad cotidiana les da más pereza y miedo. Nada volverá a ser igual, a la vista de la borrasca económica que «justifica» recortes sobre la calidad de vida o incremento brutal de precios. A lo peor, el próximo tiempo ni permite vacaciones. Estaremos pendientes de las noticias que llegan de Alemania y dan directrices a nuestros gobernantes a la deriva, entre la incertidumbre de los ingresos, la contención del gasto, y la imposición de medidas, que son la perfecta contradicción con el discurso que desgranó su contrato con la sociedad el día que se presentaron a las elecciones.
Presenciamos la carrera por «la pasta» del fondo de liquidez autonómico. Las comunidades autónomas necesitan dinero del Estado. Una parte del gasto, como en Cataluña, se va en hacer frente a la deuda pública que generó el inefable Montilla. Hombre culto, de gran currículo, que no podía borrar su procedencia natal del Califato de Córdoba; de ahí que para solicitar a los descendientes de Wifredo el Velloso, la carta de naturaleza de catalán sin tachas, hiciera la virguería de modificar el Estatuto de Cataluña, que solo consiguió la declaración solemne del más alto tribunal, aclarando que la soberanía reside en el pueblo español, no en los pueblos regionales-nacionales-territoriales.
Tiene razón el presidente gallego. «Galicia paga, Cataluña pide». Como es su potestad, convoca elecciones con vientos favorables, o antes de que la brisa se transforme en huracán que emana de los temidos Consejos de Ministros de los viernes en Madrid. Además, nadie tiene la culpa de que la oposición al PP gallego esté hecha unos zorros, y que después de tanto piar Beiras aspire a una coalición con sus antiguos compañeros, más las gentes de IU, que o son progresistas o son nacionalistas. La dos cosas resulta una grave incoherencia. Me preocupa la frase de Rajoy. «Espero no tener que tomar decisiones tan difíciles en el 2013». Seguro que, por obediencia debida a los mercados, hace todo lo contrario.