D ecía yo el pasado domingo que el tiempo siempre está a favor de quien cumple con su deber. Por eso creo que la fecha electoral elegida no variará el resultado de los comicios: igual ahora que en marzo.
Otra cosa es la perspectiva de quien gobierna, que, por tenerla particular y propia, prefiere convocar ahora para conocer el sentir de Galicia y fijar sus proyectos; prefiere, imagino, dar por finalizada la incertidumbre y el murmullo de tantas voces iradas. La oposición no hace política, hace zancadillas.
Ya lo dijo Vázquez, Manuel, líder por defecto: le voy a dar un susto. Quizá por ello la ciudadanía tendrá que elegir el 21 de octubre entre los que asusten y los que gobiernen. Jorquera, que no es líder por defecto sino por deseo de la UPG, dice que Madrid ordena, cuando sabe que desde que gobierna Feijoo Galicia es paradigma para todo el Estado: estabilidad presupuestaria, fármacos, reducción del aparato burocrático? ¿sigo? Pero saben ustedes que la cosa electoral es una epidemia de excesos, y en ello están los opositores de este país que entre el 2005 y el 2009 ha aprendido para siempre lo que es un Gobierno de dos, o sea, un Gobierno de nadie. ¿Recuerdan? Memoria, enemiga fatal de mi descanso, sentenció el maestro Cervantes.
Son estas unas elecciones importantes, o deben serlo porque uno ya le ha visto los dientes a la prensa ideológica, o sea, aquella que no cuenta la verdad sino lo que le conviene a sus intereses. Malos tiempos para la lírica, dijo Brecht. Y tenía razón. Se nos ha echado encima el otoño en pleno verano. La ordinariez, como el exceso, se van a convertir en una epidemia.