Pensaba yo que las elecciones no son para el verano. Lo pensaba hasta que Patxi y Pachi, como si fuesen una compañía inmobiliaria (o sea, que no se mueve) hablaban de ello a coro. Uno, celebrando la paz del País Vasco; el otro, en un velatorio. Todo gira en torno al luto. Ya dejó escrito Miguel Hernández en sólido soneto que, como el toro, hemos nacido para ello. Pero no va por el luto mi artículo, sino por el hurto: el robo de la razón, la verdad y la dignidad política.
Quien no habla de elecciones es Núñez Feijoo. Él gobierna, porque para ello lo han elegido los gallegos. Son otros los que sufren urnacentrismo. Los del BNG las quieren ahora: prefieren que su nicho de votantes no se vea mermado (más, todavía) con la consolidación de nuevas corrientes nacionalistas. Los del PSOE, depende. Unos desean que sean ya, los pachistas; otros, lo más lejos posible. Los de Pachi, con primarias fijadas para octubre, verían con buenos ojos un adelanto porque sus rivales se diluirían como azucarillos en agua. Pero los rivales de Pachi no son azúcar; uno, por lo menos, amarga al pachismo más que endulza. Hablo del doctor Frankenstein (creador) del zapaterismo, que aguarda como diputado la voz del Supremo: aquel que pedía dimisiones por doquier y no dimitió cuando lo imputaron, José Blanco.
Los socialistas hablan de elecciones a menudo, parece una obsesión. Hablan menos de buen gobierno. Vázquez ganó sus elecciones internas y es el jerarca del PSOE gallego, donde hizo carrera. Antes, cuenta la leyenda, estuvo a punto de fichar por el PP y fue concejal del CDS. Después gobernó O Carballiño y el Consello de Contas informaba de modo demoledor sobre su gestión. Ahora queda la vanidad de ver su foto colgada en farolas, por si saltase la liebre.
Tienen el valor los socialistas de acusar a Feijoo de intereses electorales. Ellos, que contendieron porque Touriño, en contra de Blanco, no quiso adelantar elecciones. «Los adversarios están en el partido de la oposición; los enemigos, en mi propio partido», dijo Churchill. Los socialistas de Caballero, Vázquez, Blanco, Silva. Los de Vigo, A Coruña, Ourense: en guerra permanente por un sillón o prebenda.
Yo sé que son muchos los que piensan que el tiempo, por mor de la crisis, desgasta al presidente de la Xunta. Quizá tengan razón. Yo creo que el tiempo siempre está al lado de quien cumple con su deber. Lo que importa no es la fecha de las elecciones. Lo que importa, en verdad, es sacar adelante el país.