La política económica de Rajoy nos lleva al suicidio colectivo. Deteriora las condiciones de vida y de trabajo del 99 % de la sociedad y al mismo tiempo fracasa estrepitosamente en su objetivo formal de estabilizar la economía. Hay muchas razones detrás de este gravísimo error y entre ellas está uno de diagnóstico. Rajoy no para de insistir en que todos sus tijeretazos son imprescindibles para poder pagar la deuda pública. Y que ese, pagar la deuda, es el objetivo supremo. Y sin embargo, esta afirmación es absolutamente falsa. Porque la deuda de las Administraciones públicas no se paga, nunca, sino que se refinancia hasta que es absorbida a través del crecimiento.
Rajoy, que sabe poco de economía, también desconoce su propia historia. En 1996, cuando Aznar ganó las elecciones, la deuda pública española era de 323.920 millones de euros, una cifra que equivalía al 66 % del PIB. Ocho años después, en el 2004, cuando Rajoy pierde las elecciones por primera vez, la deuda pública era de tan solo el 46 % del PIB, veinte puntos menos. Y no, no fue que Aznar pagara la deuda que le dejó Felipe González. Porque en cifras absolutas la deuda no solo no se redujo sino que siguió creciendo hasta alcanzar un máximo histórico, en aquel momento, de 389.942 millones de euros. ¿Qué pasó entonces? Pues que la economía española creció, y mucho, en esos ocho años, de tal forma que absorbió la deuda. Mientras que la deuda aumentó el 20 %, el PIB lo hizo el 72 %. El resultado es una reducción de la ratio de deuda, lo que significa que al disponer de más recursos el coste de la deuda se hace menor. Por cierto, y para que a Rajoy no se le suban los humos, en la primera legislatura de Zapatero las cosas fueron todavía mejor y la deuda bajó hasta un mínimo histórico del 36 % del PIB en el 2007.
Aprendamos de nuestra historia. La fórmula más eficiente para enfrentarse a los problemas de deuda es el crecimiento. Lo fue con Aznar y con Zapatero, y lo tiene que ser ahora. La estrategia de Rajoy de pagar la deuda alcanzando superávit presupuestario está condenada al fracaso. En un escenario sin crecimiento harían falta diez años con un superávit del 2 % para reducir la deuda al 60 % del PIB. Pero alcanzar ese resultado presupuestario, además de basarse en recortes socialmente inasumibles, no es posible. A pesar de los cuentos del PP, en todos y cada uno de los ocho años de Aznar las cuentas públicas se cerraron con déficit. En ningún ejercicio se alcanzó el superávit. Nuestra experiencia demuestra por lo tanto que la estrategia de Rajoy, además de injusta y dolorosa para la sociedad, está condenada al fracaso.
La solución es el crecimiento. Con un aumento del PIB nominal del 3 %, muy por debajo de lo que creció en los últimos 20 años, la deuda se situaría por debajo del 60 % en solo cinco años sin necesidad de superávit. Solo con cuentas equilibradas. Más aún, si el PIB nominal creciera al mismo ritmo que la media de los últimos 15 años, hasta se podría alcanzar ese objetivo con un déficit público del 2 %. Eso sí, Rajoy tendría que demostrar que no solo sabe utilizar el BOE para recortar sino que es capaz de gestionar de verdad la economía del país para lograr ese crecimiento.