La mujer del César, además de serlo, debe parecerlo. No así los parlamentarios gallegos, que en caso de serlo, no lo parecen. La presidencia del Parlamento defiende la necesidad de un comedor vip para sus señorías sin aclarar su coste, lo que a este columnista le parece inapropiado a más no poder. A ver si nuestros representantes se bajan de la higuera y reparan en que este proceder es una falta de respeto a tantos miles de gallegos que no tendrían nada que llevarse a la boca si no llega a ser por las ayudas que les prestan sus familiares o los comedores sociales. ¿Por qué un restaurante vip? ¿Se trata de reírse del contribuyente o es que realmente se sienten importantes? Para mí no lo son, y me consta que para otros muchos ciudadanos tampoco. Muchos de ellos no tienen oficio ni beneficio. En todo caso, si lo fueran, lo serían en función del voto de un pueblo que en cualquier momento les puede retirar la confianza por dilapidadores del dinero de todos. Cuando eso ocurra, que ocurrirá, volverán a mirar la pela como cualquier hijo de vecino, y lo de vip tan solo será un recuerdo de tiempos mejores en los que se podía vivir de jeta sin que nadie dijera hasta aquí hemos llegado. Acudo al refranero popular. «Quien de servilleta pasa a mantel. ¡Dios nos libre de él!»