Uno de los mecanismos centrales que permiten a los seres humanos entablar relaciones de reciprocidad y de cooperación a gran escala y estables en el tiempo es el castigo. Es fundamental para mantener el igualitarismo y el respeto a las normas sociales. Siempre habrá individuos capaces de robar y defraudar, de ejercer imprudente e irresponsablemente el cargo que tienen encomendado. Al señalar a esos individuos y proporcionar mecanismos para castigarlos estamos salvaguardando los bienes públicos que, como tales, pertenecen a toda la comunidad.
Uno de los elementos más perniciosos de la situación por la que estamos atravesando en este país es que no hay responsables: nadie ha causado semejante estropicio, la crisis parece algo caído del cielo? Y aun cuando en algunos casos todos sabemos, con nombre y apellidos, quién está detrás de hechos concretos, sumamente graves para el bienestar de miles de personas, no solo no han sido castigados sino que se han ido con los bolsillos bien llenos. Creo que es hora de actuar, si es que de verdad queremos salir del marasmo social en el que nos encontramos. Porque la gente solo va a tener moral suficiente para afrontar pacíficamente los esfuerzos que se le están pidiendo, si ve que al menos algunos de los que cometieron semejantes tropelías son adecuadamente castigados.
Por eso, señor Montoro, no me vale que hay que subir el IVA porque tenemos «una cultura de con IVA o sin IVA». Porque si realmente esta es la causa de tener unos ingresos fiscales tan bajos, la solución no está en subir los tipos sino en perseguir con absoluta rotundidad el fraude y acabar de una vez con la impunidad de ese 25 % de impositores que, según usted, están defraudando a todos los españoles. Esto es lo único verdaderamente eficaz, justo y equitativo. Lo otro, amigo mío, no lo es; y, por desgracia, solo va a servir para que quien defraudaba, defraude todavía más, y quien pagaba, pague todavía más y vea mermada su calidad de vida, en algunos casos hasta límites intolerables.