La crisis y el sueldo de los funcionarios

OPINIÓN

19 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Para ponernos en situación, deben saber que soy funcionario y que estoy mucho más contento cuando me suben el sueldo que cuando me lo congelan o me lo rebajan. También quiero confesarles que en mi opinión me gano honradamente el sueldo que me pagan y que nunca me niego a aceptar actividades complementarias, muchas de ellas no remuneradas, que considero inherentes a mi profesión docente. Pero también deben saber que soy un ciudadano muy preocupado por la situación en la que nos encontramos, y que me gusta reflexionar con responsabilidad sobre las cosas que hago o me suceden, que unas veces me benefician y otras me fastidian.

A las peluqueras, los jornaleros y los albañiles no hay que recortarles el sueldo, porque ya el mercado se encargó de hacerlo. Tampoco hay que reajustar las retribuciones de los trabajadores por cuenta ajena, ya que, como ayer nos recordaba el Consejo Económico y Social, sus emolumentos ya fueron resituados en la crisis por los convenios, los ERE o los despidos. Y lo mismo podría decirse de los comerciantes, los profesionales autónomos y los empresarios, sin apenas excepciones. Pero esto no sucede con los funcionarios, a los que, si no se les baja el sueldo de manera expresa, se convierten en la excepción laboral de la crisis, o en unos privilegiados que pueden atravesar la galerna sin que les toque una ola. Por eso no es injusto que se decreten rebajas específicas para funcionarios, políticos y altos ejecutivos de empresas públicas.

También hay que decir que las rebajas aplicadas a funcionarios se hacen sobre empleos estables -hablamos de funcionarios y no de empleados del sector público-, lo que, en el marco actual de la economía española, constituye un privilegio inestimable e incalculable. Y por eso tiene bastante sentido que, si de lo que se trata es de equilibrar la carga de la crisis, se tengan en cuenta todos los factores.

No ignoro, porque pasé por ello, que a los funcionarios ya nos hicieron algunos recortes y varias congelaciones, ni que en la Administración hay niveles salariales muy diferentes, y que no es lo mismo recortarle al conserje que al rector, o al cabo primera que al general de división. Pero con todo y con eso, no es cierto que los trabajadores medios de la Administración estén peor pagados que los del sector privado, ni que los directivos de la Administración tengan los mismos criterios de competitividad, riesgo e inseguridad que los de la empresa privada. Y por eso creo que hay que rebajar el nivel de grito en el cielo que hemos lanzado con motivo del último Consejo de Ministros.

Ya sé que decir esto no genera adhesiones. Pero es lo que pienso y lo que en buena lógica justifico, porque primero soy ciudadano y después funcionario. Y si alguno quiere invertir los términos, y salir a la calle a hacer pareados, allá él.