Hay imágenes que permanecen imborrables en el vídeo de la memoria. Escenas que vemos una y otra vez. Una de ellas es la volea de Glasgow. Roberto Carlos llega forzado por la banda izquierda. Echa el balón hacia atrás. Y, sin dejar caer la pelota, Zidane la recoge con el guante de su pie. Zidane está en el borde del área por dentro y le da al Madrid el noveno título europeo frente al Leverkusen gracias a un remate imparable. Casillas ayudó lo suyo con tres paradas increíbles tras sustituir a César. Era el 15 de mayo de hace diez años. Ahora la federación francesa quiere forzar la máquina y hacer que Zidane sea el seleccionador de los bleus. Tras la derrota contra España y la marcha de Blanc, la federación quiere al mejor. Pero Zidane, que está haciendo el curso rápido de entrenador para exjugadores, no desea que le metan prisa. Su afán es otro y no se ve en el banquillo de Francia para Brasil. Está a gusto en el organigrama del Madrid y dice que aún le queda mucho que aprender. Zidane busca hacer bien las cosas. Como con aquella volea. Era el 2002, el año en el que Una mente maravillosa fue la mejor película y Aserejé era número uno por delante de Shakira. La realidad de entonces, nada que ver con la de hoy. Y solo pasó una década.