Ser honrado es la excepción. Lo normal, en esta tierra de Guzmán de Alfarache, es ser granuja. Aquí, quien no defrauda es un ingenuo y, sotto voce, es calificado como tal en las conversaciones de figón o taberna. A los políticos se les supone que ayudan a los amigos y próximos, sin ningún rubor. A los enemigos, que cuando gobiernen harán lo propio. En España ha crecido el desencanto al socaire de políticos negligentes pero de sardónica sonrisa: de aquí el hecho inaudito de que Zapatero haya llegado a ser presidente, nada menos.
Rajoy debe reflexionar en esta realidad que relato mientras entrega el Códice Calixtino a nuestra catedral. Es el primer ministro de España, no de un país cualquiera. Aquí la honradez está mal vista, incluso (si pides factura con IVA, el operario te dice extrañado «háblelo con mi jefe»), y los maleantes pasan por cárceles cinco estrellas para después tumbarse bajo el sol paradisíaco de todo lo robado, estafado, timado u obtenido ilícitamente. Somos el país de Roldán, que era socialista, y del Dioni, que socializó en Brasil un furgón multimillonario. País de Correa y Dorribo y de la lotería que le toca tan a menudo a Carlos Fabra. Cuna de los ERE andaluces que se investigarán el 3 de agosto, para burla de toda la ciudadanía, en el Parlamento andaluz: donde gobierna también el socialismo. Aquí, a fuerza de ser germen de la novela picaresca, hemos interiorizado la ratería como un modo de ser español español español (léase cantando).
Hasta ayer decían que el electricista lo hizo por venganza, pero por venganza nadie tiene 200 millones de pesetas en casa. Lo hizo, en realidad, por no defraudar la propia estirpe. Nuestro padre es Rinconete. Nuestro origen es el tábano, que no tragó la serpiente y que libó los restos de la manzana de Eva. Que a nadie le extrañe la cosa de Bankia, ni las indemnizaciones de las cajas: pagarán, como siempre, justos por pecadores. El mártir es usted, ciudadano. Bankia nos sale a 500 euros por cabeza. Al electricista habrá que darle la merienda en la cárcel. El Dioni dicta conferencias. El Bigotes de la Gürtel es más popular que Barbacid. Yo, si fuese el deán, escribiría con lápiz en el Códice: ladrones, estafadores y mártires son la historia de España.