Arriola, el gran asesor de Rajoy, estaba seguro de que el PP iba a gobernar Andalucía, de que el PSOE no recuperaría Asturias, de que Sarkozy derrotaría a Hollande, y de que Rubalcaba pasaría toda la legislatura, como las musarañas, metido en su madriguera. Y es obvio que no acertó. Pero ahora cree que la coalición constitucionalista va a ser barrida de Euskadi, que la crisis de Navarra favorece al independentismo vasco, que la señora Merkel no es eterna, y que las elecciones gallegas «no están ganadas». Y esta vez va a acertar, porque Arriola «cuando se pone, se pone». Por eso en la Moncloa han empezado a hablar de Núñez Feijoo, que, igual que Pérez Touriño, le está cogiendo una afición enfermiza -«octubre, marzo, octubre, marzo, octubre, marzo»- a deshojar margaritas.
Pero Feijoo, que preside la región más solvente de Eurasia, que tiene la gran caja en el bote, y es el líder natural de la conservadora Suevia, se niega a recibir consejos de técnicos y politólogos de segundo nivel, y solo quiere decidir la fecha de las elecciones ante Dios y el espejo. Y por eso los asesores de la Moncloa han cambiado la frase ritual de sus informes -«No obstante V. E. resolverá»- por esta vulgaridad escrita con lápiz y a mano: «Mariano, tienes que hablar con Feijoo y decirle que no se olvide de Touriño».
Lo que dicen por allí es que España va a sufrir una brutal recesión entre octubre del 2012 y junio del 2013, que va a coincidir con la imposición efectiva de los ajustes que exige la UE para recapitalizar la banca, para evitar el rescate general, y para tomarnos en serio. Por eso están seguros de que se va a generar una tormenta perfecta de recesión, recortes, presión impositiva, paro y cachondeo mediático que puede favorecer una crisis social de enormes proporciones. Y también creen que esa crisis social se transformaría en política e institucional si en medio de la verbena se pierden las elecciones gallegas y entra en San Caetano un Gobierno pentapartito (formado por un partido dividido, un frente nacionalista, una UPG que está pero no está, y dos coaliciones fácticas y subjuntivas de ideología sincrética y geometría variable).
En tales circunstancias no es de extrañar que Arriola fuese ver a Mariano y le dijese: «Tienes que hablar con él -en la Moncloa todos saben quién es él- y decirle que convoque las elecciones por San Bartolomé -24 de agosto-, para dejarlo todo resuelto a finales de octubre. Y así se gestó la famosa llamada telefónica de Rajoy a Alberto, en la que, siguiendo el estilo imperante, todo quedó más o menos aclarado. «Alberto -dijo Rajoy-, quizá tengas que convocar elecciones anticipadas. O no, que nunca se sabe». Y dice la historia que el huésped de Monte Pío colgó el teléfono y se fue a cortar más margaritas. Porque también Rajoy «cuando se pone, se pone».