Tenía que ser


No podía ser de otra manera. Julio Fernández Gayoso presentó ayer al consejo de administración de Novacaixagalicia su dimisión. Era esperada. Las presiones desde dentro del órgano de la entidad llegaron con toda su potencia. También desde la Xunta de Galicia. ¿Cómo iba a llegar a la Audiencia Nacional para declarar en calidad de imputado siendo el copresidente de una institución financiera? Imposible. Imposible sí, pero no era seguro, ya que también parecía imposible que fructificasen aquellas ocurrencias que tenía Gayoso de cambios de leyes y estatutos para aferrarse al poder que, al final, siempre conseguía. Esta vez se acabó. Una pena que su salida tuviese lugar de manera tan dolorosa. Fue un hombre que quiso a la caja como si fuera suya, y esa creencia, precisamente, fue el grave error que cometió. La entidad es de Galicia y de los gallegos, que la construyeron con sus ahorros. Luego hubo quienes (pocos) apostaron por un gran proyecto financiero para Galicia.

Distintos decretos provocaron que las cajas de ahorros muriesen. Como herencia queda su obra social, y el desarrollo de ese legado es la principal obligación que tendrá la fundación de carácter especial en la que se transformará Novacaixagalicia. Tiene una gran tarea por delante.

La marcha de Julio Fernández Gayoso, que dijo adiós en su habitual tono amable y educado, y sin citar ni una sola vez el asunto pendiente con los tribunales, marca un antes y un después de un largo ciclo existencial de la entidad. Su marcha será fácilmente asumible por las personas que hoy llevan el banco y también por las que en el futuro serán los patronos de la fundación de carácter especial. Ahora ya su poder no era el de antaño. Hasta el último minuto intentó estar presente en algún consejo de administración de compañías amigas y tener presencia en ciertas instituciones. No lo consiguió, porque las cosas desde que él dejó la presidencia de Caixanova cambiaron.

El mapa financiero de Galicia ha dado un cambio radical. Todavía cambiará más.

Se precisa el punto y final a una historia rocambolesca que ha repercutido muy negativamente en los empleados de las antiguas Caixa Galicia y Caixanova que todos los días deben hacer frente al problema de las participaciones preferentes con una humildad y una profesionalidad impresionante. Ni una voz altisonante, ni una mala palabra. Llegan tiempos nuevos.

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