Local, universal

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

Hacer lo local universal y viceversa no solo es un don de los genios. También lo consigue la crisis. El vecino percibe en su propio Concello la marejada derivada de la tormenta perfecta. Porque pagan todos los alcaldes la factura. Los más justos y los más pecadores. Todo se comprime. Las sumas estratosféricas usadas muchas veces para empanar municipios con hormigón se han convertido en restas continuas. Cada año un poco menos. La aritmética se ha vuelto arisca. Y deja en los huesos servicios básicos a los que en tiempos de vacas gordas casi ni se les otorgaba valor. Queda que los ayuntamientos se aprieten juntos y así se resguarden un poco del viento. Como decía aquella frase: vivir juntos o morir solos.