Caer del Guindos

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

18 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Desde el comienzo de esta crisis solo recibimos malas noticias. Cada mañana nos levantamos alarmados con los mercados y todos dormimos con la prima de riesgo, pobre. Los políticos están desmejorados y comienzan a mostrar aspecto de lechuguinos, los banqueros ya no cambian cada día sus corbatas fluorescentes y ya nadie ve Sálvame de Luxe. La situación es grave y algo tenemos que hacer.

Desde mi modestia, lo único que se me ocurre es recordar que en este heterogéneo país también suceden cosas buenas, pequeños milagros o actos generosos, que estamos pasando por alto sumergidos en el mar de la confusión. Piensen que el alcalde de Vigo trabaja más de quince horas al día, que el banco de los gallegos aún sigue «viento en popa» y que una señora de Lugo cumplió ciento tres años. ¿Por qué obstinarnos en ver solo lo malo?

Es verdad que faltan plazas de guardería para los niños, pero en poco tiempo ya no harán falta. Es cierto que la Universidade de Santiago está despidiendo profesores con treinta años de experiencia, pero así se rejuvenece su plantilla. Finalmente, no les miento si les digo que en el medio rural la población está cada vez más desamparada, pero piensen que tampoco es bueno que se mueran por encima de sus posibilidades. Pensemos en positivo, porque siempre hay otra forma de ver las cosas.

Sé que la situación es mala y es aquí donde han de surgir personas con arrojo, hombres fuertes y decididos que sean capaces de enfrentarse a la tormenta. No me refiero a políticos o banqueros, les hablo de ciudadanos anónimos que sean capaces de salir reforzados de una situación límite. Piensen, por ejemplo, en el hombre que ha salido ileso tras caerle un rayo.

El suceso ocurrió en las proximidades de Madrid y, según publicó la prensa, la centella le penetró por el escroto y salió por su pie; este pararrayos humano está vivo y demuestra lo que somos capaces de hacer ante las adversidades. Deberíamos enviar a este hombre a enfrentarse a los mercados.

Sin embargo, para emprender este nuevo rumbo, para abordar la situación con un enfoque positivo, son necesarios algunos cambios que mejoren nuestra autoestima. Para empezar, no podemos enviar a nuestra selección olímpica a Londres con un chándal torero más propio de ir a robar cables de cobre que de aspirar al oro. Es verdad que el fabricante ruso lo hace gratis total, y le regala al comité olímpico doscientos cincuenta mil euros, pero eso no llega para traer el metal a casa. Créanme, al ver la foto del chándal, me sale «esto no ze pué aguantá».

En fin, seamos positivos, ha llegado la hora de caer del Guindos.