D e acuerdo con la encuesta de Sondaxe, el 85,4 % de los gallegos creen que la situación de la comunidad es mala o muy mala, y solo al 3,7 % les parece buena o muy buena. Si nos referimos de manera específica a la situación política, un 56,7 % consideran que es mala o muy mala, una cifra que se puede explicar porque solo el 41 % de los votantes del Partido Popular están conformes con la deriva política de Feijoo. Y, concretando un poco más las causas de este desapego, un 69,8 % de los gallegos creen que la Xunta está recortando derechos y manteniendo chiringuitos, mientras se quedan en el 16,6 % los que piensan que los recortes se hacen de forma adecuada.
A la hora de valorar a los partidos políticos, los gallegos suspendemos con un 4,66 al PP, con 3,65 al PSOE y con 3,19 al BNG. Y cuando nos preguntan por la Xunta es como si nos preguntasen por la diferencia entre el hinduismo y el brahmanismo: los conselleiros más valorados son Alfonso Rueda (4,41) y Rosa Quintana (4,34), y los más conocidos son Rosa Quintana, cuyo 39,4 % de conocimiento me deja pasmao, y Jesús Vázquez, que no pasa del 36 %. Por lo que cabe concluir que la Xunta es como una Santa Compaña que da vueltas por Galicia portando faroles -¡qué bien dicho!- y tocando campanillas.
Los gallegos estamos convencidos de que no hay mejor político que Alberto Núñez, a quien, con este capital que acabo de describir, le damos un aprobado raspado (5,03), que con los criterios de Wert conllevaría la pérdida de la beca. A Rajoy, que hace tres meses era el «santo advenimiento», lo dejamos en 4,57; a Pachi Vázquez le damos un 3,91, y a Guillerme Vázquez lo ponemos (3,51) por debajo de Cayo Lara y de sus famosas empanadas anticrisis.
Pero ahora viene lo bueno. Porque en medio de este espeluznante panorama, el PP tiene para las próximas elecciones autonómicas una expectativa del 46,1 % de los votos, y una mayoría absoluta -¡Viva la Pepa!- de 41 escaños, mientras el PSOE (26,9 %) perdería un escaño y bajaría a 24, y el BNG (13,3 %) perdería 2 escaños y bajaría a 10. Porque los gallegos, que tiemblan al ver esta Xunta, y que en un 45 % se confiesan indecisos, creen que cualquier otra situación sería peor. Y es esa desesperación la que devuelve a Feijoo a las pasadas glorias obtenidas por el ideólogo del Gaiás. ¡Viva la Pepa, otra vez!
La encuesta también dice que la fragmentación del Bloque Nacionalista Galego es una ruina para el nacionalismo, tanto por los efectos directos de la división como por el hecho de dejar incólume el voto conservador. Y por eso puede decirse que Sondaxe, a pesar de haber preguntado específicamente por este desiderátum neonacionalista, aún no encuentra ni el espacio ni los electores suficientes para auparlo. Porque el Partido Popular ya es un «no queda más remedio», que, si se multiplicasen las ofertas, se convertiría en un PRI. ¿O ya lo es?