El de TVE no es, ciertamente, tan extraño como El caso Charles Dexter Ward sobre el que el inclasificable H. P. Lovecraft (1890-1937) escribió uno de los relatos más inquietantes -y, por ello, más inolvidables? de la literatura universal. Pero el de TVE resulta, sin duda, un caso raro.
Hasta ahora la perversa práctica asentada en España (aunque no solo en España, por supuesto) es que las televisiones públicas están políticamente controladas por los Gobiernos de turno, que, con más descaro o disimulo, intentan utilizarlas a su favor y en contra de sus competidores.
En este panorama han existido -es verdad- algunas excepciones: la BBC lo es porque su estatuto favorece la desvinculación de los partidos, que se da en el Reino Unido como en ningún otro país con televisión y radio públicas; por su parte, la RAI lo fue porque en la lógica de la lottizzazione (reparto por lotes) típica del régimen político de Italia, se estableció allí un equilibrio pintoresco: distribuir el control político de las diferentes cadenas públicas entre los grandes partidos en presencia: la Democracia Cristiana, el PCI y el PSI.
¿Por qué resulta, en consecuencia, tan extraño el caso actual de TVE? Pues porque nuestra televisión pública estatal no está ahora controlada por el Gobierno de Rajoy, lo que aunque bochornoso respondería a la lógica presente, sino, y hasta límites de escándalo, por la oposición que lidera Rubalcaba. Ver los telediarios, sea cual sea su franja horaria, contemplar Informe Semanal o seguir los diferentes debates sobre temas políticos (y, en ocasiones no tan políticos) que hoy emite TVE produce no solo auténtico sonrojo, sentimiento habitual durante las tres últimas décadas, sino una extraña sensación, al ver la saña con la que se vapulea al Gobierno y a otros partidos españoles (CiU y UPyD de forma destacada) y se ensalza al PSOE. Ocasiones ha habido en que el mismo corte de la portavoz de este partido se ha emitido ¡dos veces! en el mismo espacio informativo, para pasmo general de quienes lo estuvieran contemplando.
Personalmente considero un paso atrás la reforma que va a impulsar el Gobierno con la finalidad de permitir elegir por mayoría absoluta en lugar de por mayoría de dos tercios al presidente y consejeros de RTVE. Dicho lo cual, he de reconocerles que contemplo con notable escepticismo cómo se rasgan las vestiduras quienes con el sistema que se supone iba a garantizar la independencia de TVE de los partidos han logrado controlarla no solo desde el Gobierno sino seguir haciéndolo, mediante el bloqueo del cambio del Consejo, desde la oposición, lo que vendría a probar que la eficacia de la elección por dos tercios resulta, por desgracia, mucho más aparente que real. No está de moda decirlo, pero es una verdad como una casa.