Entre el engaño y el gran servicio


Hay decisiones que solo puede tomar el PP. Por ejemplo, la anunciada ayer por el ministro del Interior sobre los presos de organizaciones terroristas y de bandas organizadas. Si lo hubiera hecho Rubalcaba, España sería hoy un clamor de acusaciones: de rendición ante ETA, de pago de precio político, de traición a las víctimas y todo lo que hemos escuchado durante el mandato socialista. El PP tampoco sería ajeno a ese clamor, como ha demostrado en la pasada legislatura. Y aún así, fíjense en el nivel de las protestas: la Asociación de Víctimas habla de cesión a los etarras, y Rosa Díez (UPyD) de «enorme engaño e irresponsabilidad».

Todo esto demuestra que los señores Rajoy y Fernández Díaz han adoptado una decisión valiente. Demuestra también que existe una continuidad básica de la política de Rubalcaba y su sucesor. Y demuestra, por último, que quien ha cambiado ha sido el Partido Popular, que ha pasado de la intransigencia a la flexibilidad. Si esto tiene algo que ver con la sorprendente visita que Zapatero hizo al nuevo ministro del Interior, es algo que no he conseguido aclarar, porque Jorge Fernández mantiene un hermetismo absoluto sobre el contenido de ese encuentro.

Pero vayamos a lo esencial: ¿qué se busca con la relativamente nueva política sobre presos? Primero, replicar a la propia banda ETA, que les exigió que actuaran en bloque. Segundo, debilitar el llamado «frente carcelario» de la banda aplicándole el principio del «divide y vencerás» con la técnica de seducir con beneficios a los arrepentidos. Tercero, transmitir al País Vasco la idea de que el Gobierno sí da pasos y no está instalado en el inmovilismo, como le acusa la izquierda batasuna. Y cuarto, ofrecer el acercamiento a quienes renieguen de la violencia terrorista. Incluir a otros presos solo es una forma de disimular el impacto.

No nos engañemos: es un paso duro. Para las víctimas, un trago doloroso. Y para el sector de la sociedad que había creído con Aznar que se pudrirían en la cárcel, quizá un desengaño. Me cuesta defenderlo, después de las lágrimas que los asesinos provocaron. Pero la política penitenciaria siempre ha sido una forma inteligente de combatir el terrorismo. Confío en la evaluación de riesgos del ministro del Interior, que es quien tiene la información. Como todas las grandes decisiones, solo será justificada por los resultados. Si consigue que un solo etarra abjure de la violencia, estará bien. Si logra dividir los restos de la banda, habrá hecho un buen servicio. Y si extingue totalmente a ETA, los autores de la medida serán hombres de Estado. El poso de dolor es inevitable, pero estrictamente personal.

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