S i las cosas son como parece, la señora Fernández, viuda de Kirchner, merece un premio a la especulación financiera. Miren cómo se lo ha montado. Primero, hace correr el rumor de la nacionalización de Repsol-YPF. Después, pone a actuar a sus gobernadores, que impiden a esta empresa hacer prospecciones petrolíferas en sus territorios. Con esto consigue que las acciones de la compañía bajen espectacularmente en las bolsas. En Wall Street sufrió una caída impresionante. En el Ibex español, cerró esta semana con un descenso de casi el 25 por 100, es decir, la cuarta parte de su valor. Probablemente seguirá cayendo en los próximos días. Y, cuando consiguió ese descenso, parece que se dispone a expropiar Repsol y nacionalizar YPF. Si tiene que pagar la expropiación, lo hará a un precio mucho más barato que su valor real. ¿Cabe mayor y más perverso juego especulativo?
Después, juega con los sentimientos, que ya encontraron hueco en los medios de comunicación de su país. Sin que ella se vea en la necesidad de decir una sola palabra, ha conseguido que se invoque el más rudo nacionalismo: si Argentina tiene petróleo para autoabastecerse durante varias décadas, ¿por qué va a permitir que se enriquezca una empresa extranjera? Tiñan ustedes esa filosofía con la maldad del nuevo colonialismo español que airean los dirigentes bolivarianos desde Chávez a Correa, pasando por ella misma, y tendrán el cuadro completo: doña Cristina, la reina del bótox, como le llamó ayer un tertuliano, puede aprovechar su planificada maldad para decir a su país que ha hecho un buen negocio, para alentar el nacionalismo y para quedar ella como una gran patriota.
Con esos toros tiene que lidiar Rajoy. Y que no le hable a esa señora de seguridad jurídica ni de respeto a los contratos: si cambia de proyecto o lo matiza, no será por esos argumentos; será porque alguien le metió algo en el cuerpo: el miedo. Esta tropa solo entiende los recados de fortaleza y las represalias. Si hasta ahora hubiera visto una España fuerte, dudo mucho que la viuda de Kirchner estuviera pensando en la expropiación. Pero es como Hasán II de Marruecos cuando hizo la marcha verde sobre el Sáhara con Franco agonizante: ve una España decaída, sometida a vendavales financieros, enferma de la crisis económica, y decide aprovechar la debilidad para atacar. ¿Cuál debe ser la respuesta española si esa señora persiste en expropiar? Seguir con toda dureza la vía iniciada, empezar a detallar las consecuencias y ejercer una presión asfixiante de nuestros aliados. Pero ceder, ni un palmo. Si se cede en esta violación, se acabó todo: desde las cumbres iberoamericanas hasta la expansión del tejido empresarial español.