Un alcalde que convierte un problema particular en un problema de ciudad no solo pierde toda credibilidad ante sus vecinos, sino que se inhabilita para gestionar los intereses de la colectividad. Esto es lo que ha hecho Gerardo Conde Roa al incumplir sus obligaciones fiscales, o sea, sus deberes con todos los ciudadanos. Fue reiteradamente moroso al no pagar tasas e impuestos municipales por sus promociones de vivienda en varios municipios. Incluso llegó a pleitear por ese motivo con el Ayuntamiento que él dirige. Después, el alcalde de Santiago «siempre» tuvo intención de pagar los 291.000 euros del IVA, pero no se lo dijo a Hacienda hasta que, pocos días antes de las elecciones que le dieron la alcaldía, le notificaron que iba camino de ser un delincuente fiscal. ¿Desconocimiento? ¿Temeridad? Injustificable.