No es igual gobernar que querer

OPINIÓN

05 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Visto el informe de Agustín Hernández sobre las excepcionales inversiones de Fomento en Galicia, cabe concluir que Ana Pastor le quiere mucho a Galicia. Los de antes -vino a decir el conselleiro- nos tenían tirria, y solo nos cantaban milongas, pero ahora están los nuestros y nos vamos a hartar. Quizá por eso, tratando de contestar a tan elemental argumento, el portavoz del PSOE, señor Losada, se fue al extremo contrario, para argumentar que el que nos quería de verdad era José Blanco, y que lo único que aportan los de ahora es un retraso de tres años sobre el plazo del 2015 comprometido por Zapatero. Por eso me permito tratar ambos discursos como si fuesen una canción del Dúo Dinámico - «¿Qué te separó de mí? ¿Qué me robó tu querer?»-, mientras intento hablar de lo mismo con criterios políticos y económicos.

La importante trayectoria política de Ana Pastor me hace suponer que sabe distinguir entre el amor a su tierra y el buen gobierno, y que no se atrevería a ordenar esta excepción inversora si no tuviese razones objetivas para hacerlo. Y por nuestra condición de gallegos ya deberíamos saber que es preferible que nos gobiernen bien a que nos hagan costosos requiebros amorosos en forma de AVE, autovías o puertos exteriores. Y por eso creo que tanto la ministra como los gallegos nos merecemos un discurso más serio, para concluir afirmando que lo que aquí se va a hacer se relaciona con la eficiencia y no con el amor.

Mi opinión es que, habiéndose concluido ya las vías de alta velocidad a Andalucía, Levante-La Mancha, Cataluña-Aragón, y Valladolid-León; estando muy avanzadas las del País Vasco y Asturias, y habiendo renunciado Portugal a la línea de Lisboa, le toca el turno a la nuestra, y que esa decisión resiste perfectamente los discursos eficientistas con los que Cataluña quiere priorizar el corredor de Levante. También creo que nuestra prioridad podría ser discutible en medio de esta horrenda crisis si los Gobiernos anteriores, y muy especialmente José Blanco, no hubiesen dejado el pastel metido en el horno, y que es el avanzado estado del proyecto el que permite afirmar que es más razonable invertir con esfuerzo, y terminarlo, que parar de construir y convertir en derroche y ferruxe todo lo hecho hasta ahora.

Por eso estoy seguro de que a la señora Pastor le van a sobrar argumentos para mantener su decisión en la tribuna del Congreso, como nos deberían sobrar a nosotros -PP o PSOE- para defender simultáneamente nuestro derecho y los esfuerzos de los ministros José Blanco y Ana Pastor. Porque eso es política, y nos hace justicia a todos. Lo otro -el saber si nos quiere más papá o mamá- es un infantilismo de un conselleiro que es ingeniero de Caminos y de un portavoz que es profesor de Economía, que están confundiendo la política, o eso parece, con una regueifa.