No hará falta decirles que llevo unos cuantos días de mano ágrafa, aunque algo habría que decir a la vista de los últimos acontecimientos, por ejemplo, que, si tienes algo de autoestima, no asistas a mítines y pachangas electorales; y, si tienes algo de estima al prójimo, no le des mítines ni pachangas electorales. Esto vale para los cuatro puntos cardinales, las veinticuatro horas del día y el inventario de todas las siglas políticas habidas y por haber.
Y el caso es que a la mano ágrafa vino Dios a verla con una trucha de un kilo, ¡un millón de miligramos y no quieras saber cuantísimos nanogramos!, una trucha de un kilo en el Eo asturiano, para que, aunque tenga razón Píndaro en que no somos más que «sueño de sombra», también la tenga en que el favor de Zeus puede darte un día chipén fetén de butén.
Pero mi tema de hoy es el de cópulas y disyunciones porque vengo observando que en hablar y escribir en los medios cunde más de lo debido y de lo correcto el latiguillo del y / o para dar por alternativo lo que no lo es, para dar por secuencial lo que tampoco lo es. Por supuesto, el tal latiguillo parece sonar a fisno, pero es en mera muletilla boba, sin relevancia significativa alguna.
Por ejemplo, se nos anuncia o se nos hace crónica de un concierto con obras de Haydn, Beethoven o Brahms y no nos queda claro si después de Haydn el director se reserva sorprendernos con Beethoven o con Brahms, o si será el público el que vote por uno o por otro, o, peor todavía, si la orquesta tocó algo que el cronista no se aclara en si era la Quinta del Sordo o la Cuarta de Brahms, que no tiene quinta.
Pero en el colmo de decir «o» donde debe decir «y» se encuentra implicado un servidor: hace unos cuantos días se cerraba una reseña de colaboradores de la revista equis con «... Juan José Moralejo o Gemma Mengual» y yo puedo asegurarles que nuestras colaboraciones no fueron disyuntivas, sino copulativas ¡dentro de un orden! Imposible que fueran disyuntivas, o ella o yo, pues ¿qué alternativa podría presentarle yo a esta sirena de la sincronización? Me cuesta un mundo que se fije en mí una sola trucha en el Eo, pero tengo la seguridad de que anunciamos que Gemma actúa en El Pozón o en Louredal y del Eo arriba bajan y del Eo abajo suben salmones, truchas y reos a esgalla para disfrutar de esta reina olímpica. Por lo tanto, Juan José y Gemma no somos alternativa, somos secuencia de habilidades muy distintas y muy distantes, pero buenamente compatibles.