Un presentimiento permanente

César Antonio Molina TRIBUNA

OPINIÓN

Yo siempre he temido que esto pudiera suceder, pues conociendo lo que pasa en Galicia con su bosque, hace muchos años que el fuego no había arrasado estos lugares tan especiales y tan extraordinarios del Eume. Desde hace más de un decenio, todos los veranos un grupo de amigos hacemos la ruta a pie desde el río hasta Caaveiro y una de nuestras preocupaciones y comentarios habituales era el temor a que un acontecimiento como este se pudiera llegar a producir, destruyendo cientos de especies naturales y autóctonas de la zona.

¿Cómo prevenirlo? Difícilmente en una zona tan grande, boscosa e impenetrable, pero confiábamos en que un bosque sagrado como este estuviera protegido por los dioses mitológicos y por los cristianos. Parece ser que no ha sido así y quienes ya tenemos años probablemente no lo volveremos a ver tan frondoso y exuberante como tantas otras veces lo contemplamos.

A mí las fragas del Eume me inspiraron uno de mis mejores y favoritos libros de poemas, el que lleva por título Eume. En él me imaginaba este lugar y este río pequeño y al margen de la historia, en competencia y diálogo con los más grandes y famosos del mundo: el Sena, el Tíber, el Támesis y el gran río de Nueva York.

En mi libro no imaginé nunca un incendio como este, a pesar de que el fuego es uno de los más antiguos leitmotiv de la literatura. Pero yo lo rechacé precisamente porque pensaba que las fragas estaban a salvo de las llamas de Troya. Desgraciadamente, no ha sido así. Y al arder estos árboles, arde también nuestra memoria, nuestra imaginación, nuestra historia.

Esperemos que haya ardido por sí mismo y que no haya habido una mano humana por el medio.