V amos a asistir a uno de los espectáculos políticos más entretenidos: la elaboración y consumación de pactos después de las elecciones. Ya se oyen los primeros compases. En Asturias se espera para hoy el voto del exterior, que puede dar un escaño más al PSOE. En ese caso, la formación de Gobierno dependerá de UPyD, que con la minoría más minoritaria de un solitario escaño se convertirá en árbitro. Y milagros de la política: Rosa Díez puede condenar la alianza roja entre socialistas y comunistas en Andalucía, pero dar a la misma alianza roja el poder en Asturias. Ah, pero, si el escaño del exterior engordase a Cascos o al PP, quizá los veamos gobernar juntos, a pesar de que uno de esos partidos surgió para humillar al otro. No es la política la que hace extraños compañeros de cama; es el poder.
En Andalucía, los tanteos no son menos divertidos, pero con formidable acompañamiento periodístico. Para empezar, don José Antonio Griñán era para el PP hasta este domingo el encubridor y protector de un régimen corrupto y despilfarrador, que había llevado a Andalucía a la ruina, al paro y a la degradación moral y social. Pasó un lunes de silencio, pero ayer el tal Griñán ya no era el demonio: incluso se le podía ofrecer o pedir un pacto de gobernabilidad. Y así lo hizo don Javier Arenas. La pequeña condición es que el PSOE corrupto le permita gobernar. ¿Cuál sería la ventaja para los socialistas? Solo consigo ver una: que el PP, a cambio de tal apoyo, no diga qué encontró en los cajones de la Junta. Quizá no sea mal trato político, pero sería la más inmoral de las intenciones.
Si la lógica no se ha perdido, el pacto se cerrará entre el PSOE e Izquierda Unida, por aquello de que el pueblo quiere una mayoría de izquierdas. Los andaluces, con su florida palabra, nos obsequiarán con grandes frases, sobre todo del líder comunista Diego Valderas. Ya dijo alguna: «No nos mezclamos con el PP por la misma razón que no se mezclan el agua y el aceite», o «hablaremos de política, no de reparto de sillones». Y mientras, pone precio de oro a sus doce escaños, como si fueran ciento, y no falta quien le aliente a exigir la presidencia del Gobierno regional. Es la hora de los tratantes.
Y no se pierdan ustedes el espectáculo de la prensa, que es todavía más divertido. Hay un periódico que incita a las mesnadas con el recuerdo de que IU quiere una república. Otros sugieren que con rojos en el Gobierno, no habrá quien invierta en Andalucía. Y todavía falta el argumento de peso, ese que siempre sale cuando las izquierdas se entienden, y ahora está a punto de salir: en Andalucía renace el Frente Popular. ¿Que nadie dirá eso? Esperen ustedes unos días, quizá unas horas, y ya lo oirán.