Cuando Scott Fitzgerald escribió que las vidas americanas no tienen segundo acto, aun sin quererlo adelantó los episodios políticos que vive Galicia: el presente. Pensaba esto mientras escuchaba con atención el debate sobre el estado de la autonomía. No hubo debate. La diferencia entre el presidente gallego y sus oponentes es inmensa: nunca hubo tanta en nuestra historia democrática. Y eso, aunque Feijoo no lo entienda, tiene sus riesgos.
El primero de los riesgos es bajarse al barro y entrar en disquisiciones ajenas a su discurso; verbigracia, perder altura con referencias a la escasa estatura intelectual de sus adversarios. El segundo es creer que las elecciones están ganadas antes de pasar por las urnas. Yo así lo creo; pero él, que es el presidente, no debe creerlo.
La impresión que he sacado del debate es la misma que definen los industriales como obsolescencia programada, o sea, que Feijoo tiene ante sí a dos opositores sin otro futuro político que no sea la frustración. ¿Y qué le importa a Pachi? Él, más sosegado que nunca en el púlpito, ya había ganado su batalla: la librada en el congreso socialista. Por eso estaba relajado hasta la extenuación: aburrido. Inhábil en el vocativo (¿cuántas veces pronunció la palabra presidente?), laxo en las maneras, ordinario en la argumentación. Tan flojo como siempre, pero peor. Reitero, la batalla que le interesaba la había ganado dos días antes. ¿Por qué creen que le plantaron cara en el congreso? Porque sabían que si ganaba, y ganó, ya no lo quitaban de ahí ni con grúa. Llámese la grúa derrota y añádanle estrepitosa. O sea, como Rubalcaba.
Como compañera en la oposición la nueva voz del BNG, efusiva, directa, pero tan simple que ni yo mismo así me la imaginaba. Lo mejor, eso del paracetamol, ¿recuerdan? Dijo que estábamos en la uvi, el país estaba en la uvi, y que Feijoo le había recetado tal medicamento. Qué altura discursiva de primer orden. Propia, hay que decirlo, de esta deriva en destrucción en la que ha entrado el nacionalismo gallego.
Así que, como glosa, recojo la idea que titula este artículo: la obsolescencia de la oposición. Su fecha de caducidad está escrita: no tienen segundo acto a la vista. Feijoo, para ganar, solo debe contener la euforia.