Mañana se cumple el segundo centenario de la Pepa, la Constitución de 1812. Pero para nosotros como si está de cumpleaños Paquirrín. Lo de Cádiz fue uno de los acontecimientos más importantes no de España sino de Europa, y cimentó la creación de los Estados modernos, especialmente Alemania e Italia, y sobre todo de las nuevas naciones americanas. La Constitución de 1812 solo tiene comparación con la que nace de la Revolución francesa y la de los Estados Unidos. A Cádiz, el pequeño espacio que queda libre en la España napoleónica de entonces, van llegando diputados de «ambos hemisferios» cubanos, filipinos, africanos, sudamericanos, que proclaman a los españoles «justos y benéficos», y les piden amor a la patria.
La Pepa significa uno de los acontecimientos más civilizados, políticamente más modernos, más progresistas que ha protagonizado jamás nuestro país. Pero, amigos, nuestro país es España, y por ahí sí que no pasamos. A los liberales llamaban negros los absolutistas, que contra ellos y su ¡Viva la Pepa! proferían el grito de ¡Vivan las cadenas! Mañana no habrá sesión extraordinaria del Congreso en Cádiz, y apenas, vergonzosamente, se celebrará alguna modesta mesa redonda en el aula de su universidad. Pero en silencio, no vaya a ser que nacionalistas catalanes y vascongados despierten de sus sueños de independencia y a los negros nos arreen un cadenazo. Pero yo voy a bajar al bar a tomarme un vino a la salud del general Riego.