N o hay nada más esperanzador que el comprobar que aún queda gente buena y dedicada a los demás. Con motivo de una comida organizada por una conocida asociación cultural coruñesa, conocí los entresijos de la Cocina Económica de la capital herculina. Esta entidad, con su director Alberto Martí Villardefrancos al frente, lleva a cabo una encomiable labor a favor de los más necesitados.
Allí se sirven diariamente seiscientas comidas, se proporciona ropa a sus usuarios, se les posibilita el aseo, el acceso al trabajador social del centro y una larga lista de servicios que no serían posibles sin la ayuda del Ayuntamiento coruñés, y sobre todo de la de los ciudadanos, los cuales, en palabras de su director, son de una generosidad fuera de lo común para con la entidad. Pero aun con esas, la Cocina Económica necesita cuantas aportaciones sean necesarias para poder seguir llevando a cabo su misión de servicio a los desheredados de la fortuna. Cada día son necesarios 2.000 euros para abrir el local, por lo que animo a cuantos puedan a que aporten su granito de arena. No importa lo que sea. Poco o mucho, siempre será un tesoro para ellos.