L a reconfiguración del sistema financiero español está en su fase decisiva. Lo que el ministro De Guindos califica como la reforma que España necesita, en realidad no es más que la recomposición del mapa de entidades financieras del país.
Un proceso de concentración bancaria nucleado en tres o cuatro grandes entidades, porque el futuro de Bankia-Rato aún no está decidido, y algo más de una docena de entidades medianas o pequeñas.
Esta reordenación, dirigida desde las sedes de las dos grandes bancos, amenaza con dejar a Galicia sin ninguna entidad financiera propia. Perdimos ya al Banco Pastor en proceso de desaparición como entidad con personalidad jurídica y financiera propia tras su absorción por el Banco Popular. Y está en riesgo la continuidad de la única esperanza que nos queda de mantener al menos una parte de nuestro músculo financiero.
Novagalicia Banco está sometido a un intenso proceso de incertidumbre, a un fuerte debate sobre su futuro, que para algunos pasa por su absorción por otra entidad mayor. Por decirlo claramente, estamos hablando de los que no les gustan las cajas de ahorros, los que prefieren un poder centralizado sin contrapoderes territoriales, los que quieren acabar con la competencia eliminando competidores, a los que no les preocupa la exclusión financiera de personas y territorios. Fuerzas poderosas que no cejan en su esfuerzo de quedarse con el patrimonio financiero acumulado por los gallegos durante más de cien años.
Sin embargo, contra esos intereses tan poderosos todavía hay resistencia. La del actual equipo directivo, que en una situación de extrema dificultad ambiental aún se esfuerza por dar consistencia al proyecto de continuar en solitario como una entidad gallega. La de sus trabajadores, que con todo lo que les está cayendo encima, incluidas las malas prácticas de algunos de sus antiguos gestores, mantienen viva la entidad aportando toda su profesionalidad. Pero sobre todo la ciudadanía, que sigue demostrando día a día su apoyo a una entidad vinculada a lo social, a su territorio y a su historia como lo demuestra que, a pesar de todo, Novagalicia Banco sigue teniendo el 51 % de la cuota del ahorro en Galicia.
Pero para que este esfuerzo, compromiso y apoyo sirvan para mantener la entidad y no termine en una nueva frustración social y económica hace falta algo más, que por ahora no tenemos: una actitud decidida de los que nos gobiernan. Ahora ya no hay excusas porque en Galicia y en Madrid gobierna el mismo partido. Ya no se pueden esconder echándose las culpas los unos a los otros. Hoy Feijoo y Rajoy tienen la capacidad y la obligación moral de hacerlo, de cumplir con su palabra, con lo que se comprometieron.
Esta crisis está demostrando, por si alguien no lo tenía claro, el papel determinante de las instituciones financieras en el funcionamiento de la economía de mercado. Por eso es decisivo para Galicia poder contar con una entidad financiera con sus pies y su cabeza aquí, que sea una palanca fundamental para salir lo antes y lo mejor posible de la recesión primero y ayudar a construir una nueva estructura productiva después.