29 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.
Voy a buscar cada día a mi hija a la parada del autobús escolar. Y me encanta verla bajar, riéndose, contenta, como cualquier niño feliz. Por eso lo ocurrido con el hombre que arrojó el ácido sobre niños indefensos me ha causado un gran impacto, como a miles de padres y madres que leerían la noticia asombrados. Ninguna venganza puede estar justificada, pero mucho menos cuando las víctimas son niños. ¿Por qué?, dicen que gritaba uno de los pequeños. Supongo que como mi hija, los niños de ayer bajaban del autobús riéndose, contentos, como cualquier niño feliz. Hasta que un hombre los transportó de golpe al mundo real, al de la mala gente. Quien hace daño a un niño nunca tendrá perdón, dicen.