Apuntes sobre sofismas y demagogia

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Hace quince días el editor de La Voz de Galicia, Santiago Rey Fernández?Latorre, firmaba un artículo espléndido. No solo por su habitual brillantez expositiva y argumental, sino por la valentía que exudaba el texto. No entraré en su análisis semántico, pero sí me quedaré en el margen formal de sus apreciaciones. El marco retórico, si me permiten la expresión, se denomina epanadiplosis: empezar y terminar con la misma palabra. La palabra era, aunque duela: asco.

No es fácil escribirla. Quizá me suceda como a Flaubert, que se pasó varias noches vomitando después de matar a Emma Bovary. O como Proust, que tenía que vivir en una habitación cetrina para experimentar el dolor de su propia soledad. Asco. Escribo asco y eso es lo que siento. No como una expresión sin más, sino como epítome de esta sociedad dirigida, manipulada y, por lo tanto, sometida.

Resulta que unos ahora nos gritan que viene la derecha. Nos lo dicen los que suponemos más lúcidos. Atrinchérense ustedes porque han llegado los peores, parecen decir con el estertor lábil de la demagogia. Y alardean. Incluso son aplaudidos por aquellos incapaces de construir su propio pensamiento al margen del eslogan, del ditirambo al «progresismo». Nos lo dicen edificando su particular argumento de sofismas: parten de una mentira para relatar, obviamente, una falsa verdad. Dicen que la mano es dura, pero no que detrás de la algarada huele a podrido y política aviesa. Dicen que recortan derechos, porque eso es exactamente lo que repiten los sindicatos, pero olvidan que este Gobierno, este, el de Rajoy, el de «derechas», ha subido las pensiones, ha bajado el sueldo de los altos cargos de las empresas estatales, o de banqueros que cobran también del Estado. Este Gobierno ha subido los impuestos a las rentas más altas. Estos Gobiernos, el de Rajoy y Feijoo, son los que han intentando racionalizar el gasto y el dispendio huyendo del disparate socialista. Es más fácil apuntarse al tren de la demagogia: que viene la derecha, sálvese quien pueda.

No importan los hechos, sino la consigna. Importa la complacencia con la mediocridad, decía Chomsky (nada sospechoso de planteamientos conservadores). Cuanto más conozco las mañas de la izquierda, más me atemorizan. Ganan en propaganda, como antes ganaron los émulos de los fascismos populistas. Ganan, como dije, en el sofisma. Porque mientras unos, a pesar de las lecturas que puedan hacerse de las reformas, aplican en tiempos críticos políticas sociales (subir pensiones, rebajar salarios de los opulentos...), los otros las sepultaron. Eso es lo que representa el 45 % de jóvenes desocupados o el millón y medio de familias completas en paro legados por el socialismo. Pero es mejor tomar la calle. O el megáfono y gritar que viene la derecha. Me quedo con Santiago Rey y su epanadiplosis: asco.