Las medidas anunciadas por el exbanquero (hoy ministro) Luis de Guindos para dar respuesta a la amargura del desahucio son tan sólidas como un edificio de alfileres. El gancho de la dación en pago -entregar la casa para saldar una hipoteca, sin más deuda que pagar- queda a la buena voluntad de una banca que nunca ha sido especialmente sensible a las demandas de la calle. Argumentan las élites financieras que la dación no es la salida. Que antes de llegar a un embargo se agotan todas las opciones previas. Que generalizar la fórmula rompería el mercado inmobiliario. Lo explican aquellos que dieron hipotecas al 120 % del valor de la vivienda y se quedaron tan anchos, premiaron a sus directivos y se llenaron (y aún se llenan algunos) las dos manos.