El futuro del PSOE, ¿en manos de perdedores?

OPINIÓN

La verdadera medida de la falta de proyecto y la confusión política en la que se encuentra sumido el PSOE no la da el hecho de que haya puesto su futuro en manos de quien le ha brindado la mayor derrota electoral de su historia. A fin de cuentas, a los delegados reunidos en Sevilla no les quedaba otra opción. Decidieron prolongar artificialmente la agonía del paciente, antes que hacerse directamente el harakiri, que no otra cosa habría supuesto la victoria de Carme o Carmen Chacón, cuyos méritos para aspirar al cargo continúan siendo un arcano, incluso para muchos de los que la han votado. Eligiendo a Rubalcaba, el PSOE no hace otra cosa que ganar tiempo. Pero bien puede decirse que esos 22 compromisarios que optaron finalmente por blindar el partido apostando por lo viejo conocido antes que por jugar a la ruleta rusa con el discurso impostado y de diseño de la aspirante son los que han salvado al PSOE de caer en el abismo.

Lo que ilustra verdaderamente la situación de abatimiento del partido, decimos, es el hecho de que, después de haberse dejado más de cuatro millones de votos en las pasadas elecciones generales, no haya habido un solo militante dispuesto a disputarle el liderazgo a dos de los máximos responsables de la catástrofe. Que la única opción haya sido escoger entre dos destacados miembros de un Gobierno que, además de traicionar su propio programa, ha sido sin duda el peor de la democracia, dice muy poco en favor de quienes en el partido reclaman públicamente la necesidad de renovar el proyecto.

Lo ocurrido es especialmente deprimente si se tiene en cuenta que cualquiera que se hubiera atrevido a dar el paso dejando claro su distanciamiento radical respecto a lo que se ha hecho en los últimos años probablemente no habría ganado, pero tenía garantizado un resultado digno que obligaría a tenerlo en cuenta como contrapoder a la nueva dirección. Tras semejante renuncia, ahora la única oposición interna a Rubalcaba está abanderada por una dirigente que en realidad no representa a casi nadie. Es decir, que Rubalcaba tiene manos libres para hacer y deshacer. Solo así se entiende que haya podido formar una ejecutiva que tiene el sorprendente mérito de ser incluso peor que la anterior. Kilo por kilo, la nueva cúpula de Ferraz es bastante más floja y gris que la última de Zapatero, como si se tratara de una alineación de circunstancias, a la espera de que salgan los titulares. Todo en este nuevo PSOE da imagen de provisionalidad. De transición. Pero incluso aunque tenga ya la vista puesta en su futuro relevo, Rubalcaba envía síntomas alarmantes. El primero es que elija presidente a un político como Griñán, que dentro de un mes puede ser un cadáver político tras perder Andalucía. El segundo es que su gran apuesta sea Patxi López, que pronto dejará de ser lendakari. El futuro del PSOE quedaría así en manos de tres perdedores.