A cabo de leer que «el alcalde de Monforte pide perdón públicamente por apoyar una moción del PP para dedicarle una calle a Fraga»; su razón de haberse abstenido en la votación «por respeto institucional», pese a ser del BNG, me parece razón sensata. Es veterana y no hay miedo ni de que ablande ni de que cese la discusión sobre si a Fraga se le dedican calles. No deja de tener su punto paradójico que no pueda tener una calle quien había sostenido que la calle, todas las calles, era suya. «La calle es mía» es una de las flores más cachondas y esplendorosas de los tiempos sin democracia en España. Unos tiempos de los que, por cierto, Fraga supo salir notablemente reconvertido, mientras a otros poncios y talibanes tenía que ocurrirles y en seguida les ocurrió lo que a María Sarmiento.
De las muchas e innegables capacidades intelectuales y políticas de Fraga ya nada hay elogiar; también en la banda de la crítica hay folios a mazo. Si me permiten la ociosidad de recordar que nunca voté a Fraga, me permitirán añadir que tal vez una definición cabal del político Fraga y de su impacto en opinión y electorado es que estuvo siempre lejos de tener mayoría de votos en elecciones generales y en diversas autonomías, pero, retirado a Galicia, encajó en ella y ella encajó en él con mayoría clara y larga, y con la derrota también clara y larga de la oposición, en especial de la que le niega la calle, cosa mucho más fácil que discutirle los votos. No sé cuantas calles tiene Fraga, pero hoy le corresponderían con normalidad democrática al menos 260, más o menos el número de ayuntamientos, sobre 300, en que el PP no tiene problema para dedicárselas con el voto libre y mayoritario de ciudadanos. Supongo que a los alcaldes no les dará tal ventolera más IVA.