El emir de Catar ha propuesto que intervenga una fuerza militar para detener las matanzas, cuando ya van más de cinco mil muertos en el enfrentamiento de los opositores al régimen de Damasco y cuando los observadores enviados por la Liga Árabe han reconocido su fracaso para conseguir un arreglo en el conflicto que va derecho hacia la guerra civil. El régimen de Bachar al Asad, heredado de su padre, se hace cada vez más insostenible cuando aumenta la población que pide su destitución. En el exterior, las fronteras con Turquía sirven para acoger a miles de refugiados, con lo que este país es cada vez más beligerante, pero lo más grave es que tiene enfrente a la comunidad árabe, que prefiere intervenir antes de que lo vuelvan a hacer los occidentales.
Siria formaba parte del «eje del mal» señalado por Bush, junto con Irán y Corea del Norte. Es un país que luchó contra Israel y perdió los altos del Golán, territorios vecinos del mar de Tiberíades y que todavía ocupan los judíos. Invadió el Líbano y es el gran apoyo de Al Fatah. Tiene un Ejército muy poderoso, pero cuando comenzó a preparar armas nucleares, Israel destruyó las instalaciones. Siria hoy cuenta con el apoyo de China y Rusia en el Consejo de Seguridad. La situación está difícil para Asad, porque su Gobierno se va metiendo en la misma trampa que Gadafi. Hasta que el Ejército comience a cuartearse entre los leales y los que se ponen al lado del pueblo; entonces llegarán las ayudas del exterior y se entrará en la guerra civil, que no tiene salida para el régimen actual.