D on Mariano hizo una de sus frases, seguramente para provocar la vieja reacción: líder, si me gustas es por lo bien que te explicas. Como sabe el lector, hablaba del incierto futuro de la política fiscal en España, y dijo algo que, pasado Pedrafita por un lado o el Padornelo por el otro, necesita traductor: que no es necesario subir más los impuestos, pero pueden subir o bajar porque «en la vida nada es para siempre». Puesto en verso de Machado, el mañana no está escrito. Dicho en lenguaje de mi pueblo, el que quiera saber, que vaya a Salamanca.
Pasado Pedrafita o el Padornelo, ya digo, Rajoy inventó la intriga mariana y convirtió a España en un inmenso interrogante. Escuché voces muy sonoras y apreciadas, pero injustas, que lo acusan de indefinición. Otras tuvieron la osadía de llamarle gallego. Y una tercera tanda de opinantes sostiene que esa ausencia de compromiso fiscal no da seguridad a los mercados, que últimamente es el argumento de máxima autoridad: no subas la fiscalidad, que asustas a los mercados; pero tampoco la mantengas como está, porque saben que necesitas recaudar más; y, desde luego, no la bajes, porque entonces los mercados no creerán en la seriedad de tus recortes. Así hay que actuar en este tiempo.
Lo que sucede es que no nos entienden, Mariano. Estos españoles de más allá de la frontera gallega tienen el vicio pernicioso de la claridad. Y ustedes, los del Gobierno, los han enviciado más, porque les han dicho que iban a ser previsibles y que iban a llamar al pan, pan y al vino, vino, y ellos se hicieron ilusiones, confundieron a los gobernantes con los profetas, y ahora les toca descubrir que las profecías no sirven ni para hacer promesas electorales.
No nos entienden, Mariano. No comprenden la cautela del hombre de Estado que nunca se puede pillar las dedos. Si dice que no subirá más los impuestos y después los tiene que subir, ¿qué hace? ¿Pasar otro trance tan doloroso como el del IRPF? ¿Y qué ocurriría si al final tiene que subir el IVA? Si, por el contrario, anuncia una bajada y no puede cumplir, ¿qué hace? ¿Se vuelve a caminar a A Lanzada y hacer el rito de los siete velos?
No nos entienden, Mariano. Piensan que uno es así de carácter, difuso y no comprometido, sin darse cuenta de lo que le pasó a Zapatero: se comprometió a veces con medidas concretas. Si no las podía hacer, es que no sabía atajar la crisis; pero si las podía hacer, solo sabía rectificar, y la novedad era improvisación.
No nos entienden, Mariano. No saben que, en cuestiones que afectan a cuentas y bolsillos del contribuyente, ser previsible es actuar de acuerdo con nuestro principio constitucional básico: por una parte ya ves y por otra qué quieres que te cuente.