La casta política


Las fotos de destacados políticos italianos solazándose en las paradisíacas playas de las Maldivas mientras el Gobierno exige sangre, sudor y lágrimas a los ciudadanos son demoledoras. Los mismos que predican sacrificios y austeridad para el común de los mortales se dan la gran vida sin renunciar a los mayores lujos en sus vacaciones de fin de año. La publicación de las imágenes de los presidentes del Senado y el Congreso y otros líderes políticos, acompañados de sus mujeres, ha provocado el lógico escándalo en un país que está al borde del desastre económico. Nadie les niega el derecho a descansar, pero estos tiempos requieren contención, mesura y ejemplaridad en sus comportamientos.

Coincide además con la publicación de un informe que señala que los parlamentarios italianos son los mejor pagados de Europa, con 15.000 euros mensuales, además de viajar gratis por tierra, mar y aire. Un sueldo que supone una bofetada en la cara de los ciudadanos a los que se exige que se aprieten cada vez más el cinturón. Teniendo en cuenta, además, que para su escarnio Italia ha tenido que recurrir a un tecnócrata solvente al margen de los partidos como Mario Monti para poner orden, con el beneplácito de los mercados, en el erial que dejó el impresentable Berlusconi. Con estos precedentes, los políticos italianos no pueden quejarse de que se les considere una casta muy alejada de la calle, cuya credibilidad no puede estar más en entredicho. ¿Y en España qué? Casos tan de actualidad como los de Matas, Camps o los ERE de Andalucía muestran el desprecio absoluto de algunos gobernantes por los ciudadanos.

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