El último peldaño

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

12 ene 2012 . Actualizado a las 07:01 h.

H ace no tanto tiempo la palabra risga sonaba a chino. Se desconocía su existencia, su significado, su razón de ser. Pero el término ha acabado entrando en muchas casas gallegas. Se ha colado en ellas de forma silenciosa e inesperada. Por la puerta de atrás. Y se ha convertido, para muchos, en un término tristemente familiar, nunca mejor dicho. Porque cada vez más familias tienen que agarrarse al risga, la renta de integración social de Galicia. Es la prestación del que ya no tiene nada más a lo que agarrarse. El último peldaño de un descenso que conduce al precipicio. A este escalón llegan ahora personas que no entran en la antigua categoría de pobres. Nuevos y antiguos parados. Aquellos de empleos de corta duración y desempleo de larga duración. Se ven en la unidad de cuidados intensivos de la sociedad cuando hace solo unos años disfrutaban de salud económica. Como ahora penden solo de un hilo, la tijera de los recortes es una amenaza aterradora para ellos. Y su necesidad hace que duelan más anteriores excesos. Los de los políticos. Pero también los de los ciudadanos. Los que cobraron prestaciones que no les correspondían. Y los que solo dijeron «hacen bien» desde la cima de la escalera.