M ientras nos suben los impuestos, asistimos al espectáculo de ver cómo los Matas, los Camps o los Guerrero de Andalucía jugaron con el dinero público. Mientras Alonso, del PSOE, y Montoro, del Gobierno, se acusan mutua y duramente de haber mentido en las cuentas y sus cálculos, en las emisoras de radio se comentaban las andanzas de altos cargos de Andalucía y se escuchaba el tráfico de regalos en Valencia. Unos, del PSOE. Otros, del PP. ¿De qué se acusan, si en cada casa de los oradores han causado el estropicio? En el Gobierno y en el Congreso se trata de volver al orden. En los tribunales se están investigando o juzgando los comportamientos de toda una clase dirigente de toda una época donde los gobernantes no administraban una institución pública; administraban una finca donde solo faltó el derecho de pernada.
Y ahora ya lo vemos: aprobado el tijeretazo en el Congreso, toca empezar a pagar. A pagar nosotros, no los causantes de la quiebra. El mes que viene, primer descuento en nómina. A final de año, cada ciudadano habrá aportado al fisco una media de 222 euros anuales más. Si se suman otros aumentos de precios y tasas que dependen de algún Gobierno, la cantidad se eleva a cerca de 700 euros, según cálculos de la federación de consumidores FUCI. En los 400.000 hogares gallegos donde se vive únicamente de una pensión (información reciente de La Voz), supone una mensualidad en números redondos. Hasta ahí llega el sacrificio por la nación. En muchas casas habría que poner el letrero de los cuarteles: «Todo por la patria».
Y todo esto es, según la portavoz Soraya, «el inicio del inicio». ¡Qué razón tenía cuando lo dijo! Ahora, como apuntábamos ayer, hay que ponerse a buscar de dónde salen los 25.000 millones que faltan para cuadrar los números. Con un agravante que añadir a los sugeridos al comienzo de esta crónica: mientras a usted le perseguirán si no contribuye con esos 222 euros que le tocan de media, a un señor conductor de coche oficial a quien le dieron casi millón y medio en una cacicada de antología, gastó parte en drogas con su benefactor y utilizó el resto en comprarse un piso y una finca, nadie le reclamó de momento un euro.
¿Comprenderán ahora los gobernantes por qué prendió en la sociedad el movimiento del 15-M, a pesar de sus debilidades ideológicas? ¿Comprenderán por qué hay ciudadanos que llaman a las emisoras de radio enfurecidos con la clase política, sin distinguir entre honrados y golfos, entre eficaces y mantas, entre servidores públicos y aprovechados? Pues que lo vayan comprendiendo. Se está formando una corriente social que está mordiendo su indignación. Todavía es poco visible. Pero está ahí, esperando la voz que la sepa agitar.